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Machine Head - Unto The Locust



Tuvieron y, definitivamente, retuvieron. 


Es la de Machine Head una historia de caída, pero también de haberse levantado hasta -casi diría- levitar.


Su estreno discográfico, "Burn My Eyes", fue explosivo y arrollador: una patada en los testículos de millones de metaleros; las inmediatamente posteriores secuelas se quedaron en la decepción, cuando no en lo miserable.


Pero la decada de 2000 trajo nuevos bríos para Machine Head. Y lo que es mejor: a nosotros, una tanda de discos formidables. "Unto The Locust" viene a cerrar esta trilogía de la resurreción de los de Oakland.


"Through The Ashes Of Empires" fue el resurgir. "The Blackening" fue la confirmación. "Unto The Locust" es, ahora, el culmen.


En su nueva obra, Machine Head suenan mejor que nunca. No han perdido la rabia, pero, además, han ganado la experiencia. No han dejado atrás la dureza, pero, además, han incorporado exitosamente la melodía.


Estilísticamente, "Unto The Locust" se mueve en los mismos parámetros que sus dos discos precedentes, pero con la ventaja de haber tamizado, depurado y perfeccionado la fórmula.


La adición de registros más melódicos a partir de "Through The Ashes" fue todo un acierto, que, sin duda, ha multiplicado las posibilidades de Robb Flynn como compositor y como intérprete.


El disco se abre con "I Am Hell (Sonata In C#)", que arranca con unos muy oportunos cánticos evocadores/invocadores de aires latinos. El ritual épico anticipa que, esta vez, habrá sangre y Machine Head no harán prisioneros.


El tema en cuestión es muy representativo de todo el disco: ocho minutos y medio de duración, sugerente intro sucedida por la apisonadora sónica de MH, cameo/aparición de las guitarras acústicas y encadenamiento de muy numerosos y variados riffs.


Ésta última es una de las notas dominantes de "Into The Locust", que, por encima de todo, acumula toneladas y toneladas de riffs brillantes.


¿Nadie le ha dicho al amigo Flynn lo caro que está el cuarto y mitad de riff? A él parece no importarle.


Desde luego que aquí hay material para componer una docena de discos. Sin embargo, el líder y principal compositor de la banda, lejos de mostrarse cicatero, no ha escatimado en este sentido. Los temas de "Into The Locust" escapan siempre de la línea recta. Viran y cambian de dirección una y otra vez, siempre buscando la sorpresa del oyente y eludiendo lo previsible.


A veces, -es posible- se roza el exceso, pero no se cruza la raya.


"Locust" es otro de los temas destacados. Aprieta cuando y donde debe. Y deja respirar en el momento oportuno. Como en otros momentos del disco, brillan los solos de guitarra, que, una y otra vez, acreditan la gran decisión que fue, en su día, el fichaje de Phil Demmel, ex compañero de Flynn en los Vio-Lence.


Tremendo también "This Is The End", que, a ritmo de trémolo, arranca con una melodía cuasi "black" que termina contrastando con unos de los coros más accesibles de todo el álbum.


En "Darkness Within", Rob Flynn se gusta a sí mismo y se ve con la suficiente confianza de iniciar el tema en solitario -guitarra en mano- en un registro mucho más popero de lo habitual. Este medio tiempo representa la mencionada perfección y madurez compositiva e interpretativa alcanzada por quien es el alma y el corazón de Machine Head. Sin que falte algún que otro riff pesado de rigor, el tema concluye con un sugerente tarareo que, quizá, en otros tiempos (cuando había que ser los más malos y los más duros del lugar) no se habrían permitido.


Esa misma actitud es la que desprende el último corte, "Who We Are", a mi juicio, la joya de "Unto The Locust". ¿Machine Head echando mano de un coro de colegiales? ¡¡¡Sí!!! Aunque eso es sólo la guinda para un pastel que contiene mucha tuerca, mucho tornillo y, en definitiva, mucho metal. Son, de nuevo, las dos caras de la misma moneda: la más agria, bruta y descarnada frente a la eminentemente emocional.


Coros, batería y violines protagonizan un cierre para enmarcar.


Muy probablemente, Machine Head vivan su mejor momento de forma, con una inmensa alineación que arropa a un Rob Flynn en estado de gracia. Tan pronto escupe y enseña los dientes como besa. Pocas veces lo rabioso y lo emotivo alcanzan un maridaje tan perfecto.


Firmísimo candidato a mejor disco del año.

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Año
2011
Sello
Roadrunner Records
Puntuación
9,25/10